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Blog "Ahora que me estoy queriendo. Un testimonio de Terapia Gestalt" de Iluminada Madrid colaboradora de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada."Ahora que me estoy queriendo. Un testimonio de Terapia Gestalt" 

Por Iluminada Madrid
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Blog "Ahora que me estoy queriendo. Un testimonio de Terapia Gestalt" de Iluminada Madrid colaboradora de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada.

Ahora que me estoy queriendo. Un testimonio de Terapia Gestalt

Publicado el 28/05/2012 por Iluminada Madrid

“Ahora que me estoy queriendo”. Suena a canción. No sé si existe alguna con este título, si no es así yo voy a escribirla, luego veremos cómo la canto, cómo la cantamos.

Últimamente no distingo muy bien entre el yo y el tú, entre el yo y el nosotros, ¿qué es primero? No es esa la pregunta fundamental, pero sí la que me dio la pista para seguir observando.

Imagen que ilustra el blog "Ahora que me estoy queriendo. Un testimonio de Terapia Gestalt" creado por Iluminada Madrid colaboradora de Qualia, Psicología y Salud Emocional.

Un día, de forma imprevista, como ocurre siempre cuando hay algo importante, me “invadió” la sensación de haber estado toda mi vida sobreviviendo. Fue una vivencia tan corporal que me previno de su profundidad. Sentada en mi sillón preferido, me vi tan necesitada que toda yo me hice pequeña, pequeña. Me sobresaltó la claridad de la experiencia, su fuerza, su viveza y la sensación de cansancio físico tan real que me dejó. En los días siguientes puse mi atención en esto y me di cuenta de que desde el preciso instante en que me declaré superviviente cerré la puerta a todo el dolor que eso supuso. Pero claro; cuando se cierra la puerta al dolor, se cierra también a la alegría o al amor. Todas las emociones entran por el mismo sitio y si no encuentran la entrada, se van, te rozan apenas y pasan de largo. Yo sabía que existían, las veía en otros e incluso podía imaginarlas, pero a mí no me tocaban. Para que me afectase lo menos posible, fui muy lista y me refugié en un “yo puedo sola”. Llegados a este punto os puedo decir con toda franqueza que sí, que puedo sola, que me las he arreglado estupendamente y que me he ganado a fuerza de práctica estar sola.

Hubiera seguido viviendo a medio gas, implicándome lo justo para no sentir mucho, evitando la intensidad que, por otro lado, tanto ansiaba (tanto ansío), de no ser porque el azar me puso delante una experiencia. En una sesión terapéutica evité la mirada del aquel que pretendía apoyarme, huí del contacto y al confrontarme con eso me fui dolida, pero todavía no aclarada. Fue la escena que he contado antes la que acabó de ponerme frente al espejo: mi sillón orejero me habló de distancia, de insensibilidad, de anestesia y de todo el peso de años negando mi propia necesidad. ¿Dónde han estado los otros? ¿Qué les he dejado ver? ¿Cuánto he pedido? O también: ¿Dónde me perdí? ¿Hasta qué punto no conté? ¿Qué no me dí? Esas sí fueron preguntas fundamentales que me llevaron a donde estoy. Estoy en el reconocimiento de mi vulnerabilidad, en la plena consciencia de haber estado todo este tiempo desconectada de mi necesidad del otro, en el poco apoyo que he sabido darme. He leído lo siguiente: “El retorno al hogar significa entrar dentro de uno mismo” (Perls 2008:100) Yo no tengo raíces, no permanezco, voy de un lado a otro sin morada fija. Ni siquiera habito mi casa completamente. No me “he habitado”, debido a ese introyecto que me decía al oído: no mereces la pena, no pidas que no pueden darte, mantente con poco, sobrevive… Esa máscara me ha permitido llegar hasta aquí. Paradójicamente tengo que aceptar y dar las gracias a ese carácter que yo misma creé, para explorar ahora todas las demás potencialidades que no he usado y que también están.

Elijo mirar qué hay al otro lado y voy practicando poco a poco, día a día. He tenido y tengo ayuda (aunque no haya sabido verla en algunos momentos); sobre todo en las personas de confianza que me rodean y también en la formación en terapia Gestalt, en el proceso Hoffman dentro del eneagrama, en las conferencias a las que asisto y en algún curso más que va apareciendo. El último de ellos estuvo dirigido por Leila Youssef y reafirmó todo lo que vengo contando aquí: "Observa, sí, y da el siguiente paso, actúa tambié” recomendó. Eso hago, quiero volver a casa y he encontrado una buena práctica en ese consejo que le oí a P. Peñarrubia: “Mírate y enséñate”. Si me tengo a mí el estar con otro no es necesidad, es premio.

Paso a la acción y para mí hacer eso es, primero, reconocerme, sin juicio y con compasión busco y pongo en práctica experiencias nuevas, por ejemplo: contar y cantar. Aquí cuento porque contar es una forma de quererme; las palabras me gustan y si juego con ellas suelen recompensarme; con ellas también me acerco a vosotros y me muestro. Puede que tenga el premio de vuestra compañía. Quiero también cantar y, mientras voy componiendo mi propia canción, busco la alegría en otras. Ahora me toca esa otra cara de la vida. Crear la huella necesaria para que sea cierto eso de:

Imagen que ilustra el blog "Ahora que me estoy queriendo. Un testimonio de Terapia Gestalt" creado por Iluminada Madrid colaboradora de Qualia, Psicología y Salud Emocional.
  

Reseñas

Perls F., (2008). “Sueños y existencia”. Chile: Cuatro Vientos Editorial.

Peñarrubia F., Conferencia: “Gestalt, Creatividad y Arte”. 9/5/2012.

Serrat J.M.,(1983). “De vez en cuando la vida”. Álbum: Cada loco con su tema.
  

Fotografía de Iluminada Madrid

Iluminada Madrid

Antropóloga y maestra, se dedicada profesionalmente a la enseñanza en el entorno de la educación pública, ha finalizado la Formación de Terapia Gestalt con Qualia. Actualmente esta completando su formación con el Programa SAT.  

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