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Blog "Cómo lidiar con ciertas emociones (IV): La falsa insoportabilidad al dolor" creado por Paulina Ramírez psicologa integrante del equipo de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en GranadaCómo lidiar con ciertas emociones (III): Las distintas caras de la tristeza

Rabia, tristeza, miedo, dolor y alegría


Por Paulina Ramírez   
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Blog "Cómo lidiar con ciertas emociones (IV): La falsa insoportabilidad al dolor" creado por Paulina Ramírez psicologa integrante del equipo de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada

Cómo lidiar con ciertas emociones (IV): La falsa insoportabilidad al dolor

Publicado el 30/07/2012 por Paulina Ramírez

Cómo lidiar con ciertas emociones es un blog que expone cómo entendemos en Terapia Gestalt que sería sano gestionar nuestras emociones y así avanzar hacia una forma más íntegral y sana de vivir las relaciones con otras personas y con nosotros mismos.

Este blog está dividido en cinco partes que tienen como hilo conductor las emociones, pero que en cada entrada se habla de una diferente. El primer capítulo es: ¿Por qué la rabia es tan inadecuada?, el segundo: Las distintas caras de la tristeza, el tercero: La mala fama del miedo, el cuarto: La falsa insoportabilidad al dolor y el quinto: la adicción a la alegría.

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Anestesiados al dolor físico y al emocional

¿Qué es lo que se nos viene a la mente cada vez que nosotros mismos o alguien siente un dolor físico o emocional? QUITARLO. Mediante analgésicos, para el dolor físico, o un arsenal de frases cliché para el otro dolor. Hacemos lo que haga falta para no dolernos ni ver dolerse a los demás.

Imagen que ilustra el blog "Cómo lidiar con ciertas emociones (IV): La falsa insoportabilidad al dolor" creado por Paulina Ramírez psicologa integrante del equipo de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada

Aspirina, Ibuprofeno, Gelocatil (por nombrar los más suaves) son medicamentos que nos autorrecetamos como si fueran caramelos sin caer en la cuenta de que el dolor es un mensaje de nuestro cuerpo que debemos escuchar en su totalidad: ALGO DEBE SER REPARADO, es por eso que el cuerpo manda debilidad, para detenernos y escuchar lo que pasa en él. Cuando el indicador del depósito de nuestro coche nos anuncia que estamos casi sin gasolina, nosotros paramos y repostamos. Le hacemos caso a una máquina, pero a nuestro cuerpo ¡para qué le vamos a hacer caso. Nos medicamos y ya está!

Somos perfectamente capaces de resistir un dolor fuerte – físico o emocional - lo que pasa es que no queremos pasar por esta experiencia porque nos resistimos infantílmente a ponernos en nuestras manos. Además, nos decimos frases como “no tengo tiempo para esas cosas”, “debo funcionar en mi día a día” o “si puedo quitarme de sentirlo, ¿para qué voy a estar sufriendo?”. Eso con el dolor físico, pero es perfectamente aplicable al emocional.

 

Lo que llamamos debilidad es el estado necesario para que el dolor se duela y pase

Mi madre murió un Domingo de un ataque fulminante al corazón y el Jueves siguiente yo estaba trabajando. No quería sentir el tremendo dolor que me consumía. Y no lo sentí por años hasta que el mensaje de aquel dolor fue tan fuerte que me comenzó a afectar emocionalmente. 

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Así comienza todo, de niños no nos enseñan a dolernos y de adultos nos negamos a aprender a que si hay algo por lo que dolerse, lo peor que podemos hacer para nuestra salud es desoírlo. Y lo que aprendimos de nuestros padres y ellos de los suyos es que tenemos que ser fuertes, lo que se traduce en reprimir el dolor y no podemos ser débiles, lo que se traduce en más represión. Es eso lo que hacemos: evitar y distanciarnos del dolor como si fuera otra persona la que lo siente. El permiso para ser débiles trae consigo el poder contactar con lo que hemos evitado. El dolor no nos mata, nos desanestecia y dura lo que tiene que durar una emoción cuando está siendo escuchada: mucho menos de lo que habíamos pensado.

Muchos años después de su muerte, yo pude llorar a la Elianita, mi madre y, lo más importante, me pude despedir de ella dejando ir también el dolor – aunque no del todo - de no tenerla conmigo.  

 

Dolor y placer

Somos seres duales o polares, para una cosa que sentimos o somos, siempre está su contrario. El problema es que sólo nos permitimos vivir en un polo. Por ejemplo, las personas orgullosas no nos permitimos ser humildes. Por cuestiones de carácter no nos consentimos transitar por experiencia de sentirnos humildes.

Lo mismo pasa con el dolor. Hemos aprendido que en la polaridad placer-dolor, el placer es socialmente bien recibido, pero el dolor no. No nos dolemos porque hemos aprendido a evitarlo, pero tenemos una capacidad inmensa para desaprender y apostar por nuestra propia salud emocional.  

Reseñas

Naranjo C., (2007). El eneagrama de la sociedad. Males del mundo, males del alma. Vitoria-Gasteiz: La llave.

Grof S., ( 1994). La mente holotrópica. Los niveles de consciencia humana ( parte dos: la matrices perinatales). Barcelona: Kairós.

Fotografía de Paulina Ramírez

Paulina Ramírez

Psicóloga Especialista en Terapia Gestalt, miembro de la Asociación Española de Terapia Gestalt y miembro del Equipo Terapéutico de Qualia, Psicología y Salud Emocional. Formada en Teatro Terapéutico. Finalizando la Formación en Psicoterapia Integrativa.

CategoríasTerapia Gestalt

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