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Desconectarse. A propósito del mecanismo neurótico de deflexión

Publicado el 01/12/2014 por Jose Chamorro

El mecanismo neurótico de deflexión tiene que ver con el momento en que uno se desconecta del contacto que mantiene con otra persona. Esto nos lleva a escondernos detrás de un discurso que suele ser superficial, jocoso y opaco. La falta de claridad toma posesión en la relación con el otro consiguiendo que ambos caigan en un desinterés compartido.  

Con frecuencia nos podemos descubrir, como se suele decir, guardándonos la cara delante de otras personas, estableciendo pseudocontactos que son superficiales y turbios pues sólo pretenden salvaguardar las apariencias delante de aquel que tenemos enfrente. Cuando esto acontece las relaciones se enfrían hasta el punto de caer fácilmente en una verborrea, donde el contenido se diluye en mera palabrería que no tiene otro fin más que el de llenar el silencio y ocultar la tensión que éste genera.

    

    

“Desensibilización”, "apatía" y "sobreseísmo"

Fueron Erving y Miriam Polster quienes redefinieron el antiguo concepto de “desensibilización”. En esa reactualización quisieron subrayar la idea de que la deflexión tiene que ver con un mecanismo de evitación del contacto directo y real con la otra persona. Es fácil reconocerla si atendemos a los momentos en que nos descubrimos en un circunloquio, hablando indirectamente de las cosas o en abstracto o incluso tomándonos a broma y a risa aquello que nos puedan decir. En estos casos podríamos afirmar que nos hemos desenchufado de la relación y de nosotros mismos ya que nos volvemos incapaces de ofrecer una escucha atenta, abierta y sincera. Consecuentemente nos resultará imposible estar presente en la relación que está teniendo lugar. Diríamos que no estamos plenamente ni conscientemente en el “ahora” ni en el “aquí” que debiera caracterizar el encuentro.

Consecuencias de esta pérdida de contacto son también la apatía y el aburrimiento que no tardan en aparecer tras la desconexión. Los encuentros que se dan de este tipo tienden a desvitalizar las relaciones, llevándolas a la apariencia del estar sin presencia, del oír pero no del escuchar, de la cercanía espacial pero no del acompañamiento.

Otro aspecto que se puede destacar cuando se descubre la deflexión tiene que ver con el “sobreísmo”. Se habla sobre alguien pero no se le habla a alguien, restándole de este modo importancia a lo que se acaba de decir a la vez que se evita el contacto directo, el compromiso y la responsabilidad que brotan en las relaciones basadas en la autenticidad.

El que deflexiona el contacto puede ser el que inició la interacción o bien el otro que participa en el encuentro. En cualquier caso uno u otro sienten que no se le está prestando toda la atención que merece y el contrario puede sentirse vacío o fuera de lugar. Cuando el objetivo del encuentro no está anclado en la atención y la presencia que requiere éste se desenergitiza llevando a la desconexión pero, si por el contrario, el contacto se recupera entonces las dos partes se encuentran de nuevo en la relación. 

    

Conclusión

Quizá, por apuntar algo más, hay que reconocer que si bien la deflexión es autolimitadora también puede desarrollar un papel benévolo. ¿En qué situaciones podríamos decir que la deflexión se hace hasta necesaria? Imagino que es fácil echar mano de recuerdos para traer al presente situaciones candentes y difíciles de las que es mejor apartarse y desconectarse sobre todo en aquellas circunstancias en las que la ira es la que se pone en pie. Deflexionarla, además de poner a prueba nuestra capacidad de ser prudentes, nos podrá sacar airosos de un posible desencuentro.

La deflexión es un mecanismo que, en función de cómo lo juguemos, podrá sernos de utilidad en la medida que nos ayuda o, por el contrario, hará de nuestras relaciones encuentros vacíos y protocolarios de los que seremos meros interlocutores pero nunca testigos

   

Fotografía de Jose Chamorro

Jose Chamorro

Diplomado en Magisterio de Educación Especial, Licenciado en Pedagogía, Instructor de Yoga, Terapeuta Gestalt, ha realizado además la formación en Psicoterapia Integrativa. Autor de dos libros: "Las Estaciones del silencio. Inspiraciones reflexiones y ensayo desde la profundidad de lo cotidiano" y "Hojas de otoño". En la actualidad trabaja como maestro de apoyo y es colaborador del periódico regional Diario Jaén.

CategoríasTerapia Gestalt, Mecanismos neuróticos

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Comentarios

  • (29/02/2016 - 22:29h.) Marcossd

    Muy bueno el artículo y antes que nada felicitarte por el post !

    En este caso conocí la interpretación del sueño con gatos que estaban muy hambrientos y a la vez atacaban.

 

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