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Blog "Proyecciones de una madre" creado por Ana Fernández fisioterapeuta y co-directora de Qualia, Psicología y Salud Emocional junto al psicólogo Teodoro Sanromán.Proyecciones de una madre.

La relación con los hijos es una gran oportunidad de comprobar qué asuntos no tenemos resueltos.


Por Ana Fernández
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Blog "Proyecciones de una madre" creado por Ana Fernández fisioterapeuta y co-directora de Qualia, Psicología y Salud Emocional junto al psicólogo Teodoro Sanromán.

Proyecciones de una madre

Publicado el 04/03/2013 por Ana Fernández

Llevo a mi hijo a la piscina desde que tenía 4 meses, uno de los juegos que siempre nos proponía el monitor era que le pusiéramos delante una pequeña pelota flotando para que los niños intentaran alcanzarla.

Este es uno de los ejercicios más difíciles que tenía que hacer. Para mí. Él estaba feliz pero yo me ponía nerviosa cada vez que el pobre no llegaba a cogerla y cuanto más lo intentaba, con las pequeñas olas que formaba con el movimiento de los bracitos hacía que cada vez la pelota se alejara más y fuera más difícil alcanzarla. El monitor nos insistía siempre en que no se la pusiéramos demasiado cerca para que los niños hicieran el esfuerzo de alcanzarla pero yo, en cuanto me daba cuenta de que no me veía se la ponía en la mano. ¿Por qué? Porque no quería que mi hijo sufriera, que no sintiera la frustración de no poder alcanzar la pelota.

Blog "La frustración de una madre. Cómo las proyecciones de nuestros asuntos no resueltos afectan a los hijos" creado por Ana Fernández fisioterapeuta y co-directora de Qualia, Psicología y Salud Emocional junto al psicólogo Teodoro Sanromán.

     

¿Mi frustración o la de mi hijo?

Pero ¿Quién sufría era mi hijo o yo? ¿Esa frustración era del niño o mía? Es un ejemplo de las proyecciones que constantemente hacemos como padres, o al menos yo como madre, a diario.

Mi poca tolerancia al fracaso y a la frustración (aunque ampliamente trabajada es obvio que aún no resuelta) hacían que yo no soportara el sentimiento de querer y no poder algo. Ahora con un poco de distancia me doy cuenta de que quizás mi niño habría estado tan feliz toda la clase de natación detrás de la pelota sin alcanzarla y que a la única persona a la que le aliviaba algo acercarle la pelota era a mí.

De hecho, ahora que es un poco más grande y va a su clase de natación solo, a veces me asomo y veo los ejercicios que les hacen realizar, del mismo tipo aunque un poco más elaborados y la misma sensación de angustia me recorre por dentro cuando veo que no llega, que no alcanza, que le cuesta. Pero la respuesta cada vez que sale de su clase es la misma ¿Cómo te lo has pasado? ¡Fenomenal!

Siento por ello importante revisarme constantemente mis emociones, creencias y sensaciones en la relación con mis hijos. En realidad en mis relaciones con todos aunque en estos momentos esta es la que más me interesa, por su transcendencia.

Si miro mis reacciones, conductas, respuestas a todo lo que mi vida como madre me plantea me doy cuenta de que es una grandísima oportunidad para mí como persona de evolucionar y, por supuesto de librar, o al menos intentar liberar en parte la carga que generación tras generación vamos trasladando al no limpiar del todo nuestros asuntos. 

  

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Comentarios

  • (08/03/2013 - 01:26h.) Pilar Gonzalvo

    Estoy en total acuerdo con lo que cuentas Ana. Como madre, me he sentido muy identificada con el escenario que describes en la toma cotidiana de decisiones con respecto a nuestros hijos. Un elemento que aparece en el ejemplo que nos narras, y que me gustaría subrayar es el que se refleja en tus palabras: "no quería que mi hijo sufriera".

    Yo, al igual que tú, quiero evitarle a mi hijo, en la medida de lo posible, situaciones de sufrimiento, pero, ¿Cómo sé si una situación le hace sufrir a un niño que aún no tiene las herramientas para expresar sus emociones, o que incluso puede carecer aún de una conciencia clara de las mismas? Y entonces es cuando aparece esta lógica emocional del "si me hace sufrir a mí, le puede hacer sufrir a él". Esta lógica, obviamente no me asegura que acierte, pero me permite tomar decisiones en estas situaciones en las que se nos dispara la alarma de madre ante un hipotético daño a nuestros hijos.
    Decisiones en las que nuestras proyecciones entran en juego, como tú bien dices. Y suscribo totalmente tu reflexión acerca de cómo ello es una oportunidad de oro para revisarnos en nuestros asuntos inconclusos. Pero como a veces se suele decir en gestalt, las proyecciones son unas gafas con las que miramos al mundo, gafas que agudizan nuestra capacidad para detectar ciertos elementos, pero a la vez nos ciegan para ver otros. Para mí lo difícil es acordarme cotidianamente que tengo esos puntos ciegos en mi paisaje emocional.

    Te agradezco mucho que compartas tus reflexiones como madre, Ana, en este blog ; me ayudan a pararme y a cuestionarme a mí también, y que lo hagas integrándolas además en este contexto de la Gestalt, me resulta especialmente enriquecedor, coherente y motivador. Ya estoy esperando las siguientes.

  • (08/03/2013 - 07:54h.) Ana Fernández

    Pilar, agradezco enormemente tu comentario. Y más viniendo de alguien como tú, tan preparada para analizar algo como lo que he escrito.
    Te animo también a ti a que escribas una entrada propia pues me parece incluso más enriquecedor tu comentario que mi propio blog por lo que serían valiosísimas para todos tus aportaciones como madre, alumna, profesora y experta de la vida.
    Un abrazo.

 

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