Utilizamos cookies para poder ofrecer nuestros servicios, si continúas con la navegación entendemos que aceptas su uso.AceptarMás información
Blog "La confluencia en Terapia Gestalt: definición" creado por Paulina Ramírez terapeuta integrante del equipo de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada"Zelig", de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 1: Definición 

Por Paulina Ramírez
Blog > "Zelig", de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 1: Definición
Blog "La confluencia en Terapia Gestalt: definición" creado por Paulina Ramírez terapeuta integrante del equipo de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada

"Zelig", de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 1: Definición

Publicado el 07/05/2012 por Paulina Ramírez

Definición Confluencia

Algunas veces nuestro sentido de pertenencia a un grupo nos coarta y tenemos que ceder a los requerimientos establecidos. Lo hacemos por una cuestión de identificación con nuestro grupo de referencia o personas cercanas y, obviamente, lo hacemos de forma transitoria. Ceder en ir al cine en vez de quedarme en casa porque a mi pareja le apetece ver una película, es normal. La confluencia se daría si hiciera siempre lo que a mi pareja le gusta por no disentir.

Sin embargo, todos tenemos un límite y nunca mejor dicho cuando hablamos de confluencia porque es esa la parte enferma al confluir: se hace caso omiso del límite entre ambiente y yo. Paco Peñarrubia se refiere a la confluencia como a la perpetuación de estado de bebé evitando así los riesgos de la diferenciación. El sujeto que confluye es el que se funde con lo de fuera, el que se queda pegado, el que se mimetiza de tal forma que no tiene jamás un desacuerdo ni con sus personas cercanas ni con las distantes.

La confluencia como fenómeno en sí es muy difícil que se de, en tanto y en cuanto, somos seres que diferimos sustancialmente con el exterior y con las personas que lo componen. Dos personas no pueden sentir o pensar lo mismo por más que vivan cien años juntas y se amen con locura. Y en mi opinión, esa es una riqueza - dicha diferencia- que algunas veces tapamos confluyendo con los demás.


Zelig, la película: la pérdida de la frontera del contacto entre tú y yo

Zelig (1983) es una comedia de Woody Allen, en la que se entremezcla el humor característico del director, su pasión por el jazz y sus obsesiones - el sexo, la psicología, la identidad, la sociedad-. Este hombre, Leonard Zelig (Woody Allen), tiene la capacidad sobrenatural de cambiar su apariencia adaptándose al medio en el que se desenvuelve, por lo que es conocido como el Hombre Camaleón. En la selva, el camaleón cambia su apariencia por supervivencia, los seres humanos lo hacemos para sentirnos aceptados. Lo triste del personaje de Allen es que cuando no está siendo un camaleón – transformándose físicamente y de manera asombrosa en quien tiene al lado – no existe. Es decir, cuando es él mismo, se desinflaba y aunque la película está escrita en tono de comedia, en la realidad la confluencia es un mecanismo neurótico que nos hace sufrir: confluir nos hace caer en la contínua fantasía de que si nos acomodamos a los otros vamos a ser aceptados. Y digo fantasía porque nada de lo que hagamos, pensamos o sintamos nos garantiza que seremos aceptados: construimos dicha fantasía en base a lo que nosotros mismos rechazamos y aceptamos dejando fuera de la ecuación a los demás.

En la parte 2 de este blog, que se colgará la próxima semana, continuaré con el análisis de la confluencia poniendo atención en las consecuencias que tiene este mecanismo en cada uno de nosotros.


  

Reseñas

Polster E. y M., (2005). Terapia Guestáltica, perfiles de teoría y práctica. Buenos Aires-Madrid: Amorrortu.
Peñarrubia F., (2006). Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil. Madrid: Alianza.
 

Fotografía de Paulina Ramírez

Paulina Ramírez

Psicóloga Especialista en Terapia Gestalt, miembro de la Asociación Española de Terapia Gestalt y miembro del Equipo Terapéutico de Qualia, Psicología y Salud Emocional. Formada en Teatro Terapéutico. Finalizando la Formación en Psicoterapia Integrativa.

CategoríasTerapia Gestalt

Publicar un comentario

Comentarios

  • (09/06/2012 - 11:35h.) Teodoro Sanromán

    Me resulta muy interesante una de las frases destacadas en este blog. Concretamente la que dice: ">>confluir<< nos hace caer en la continua fantasía de que si nos acomodamos a los otros vamos a ser aceptados".

    Y pongo "confluir" entre ángulos porque, desde mi punto de vista, confluir no es la única estrategia que podemos usar para acomodarnos a los otros y esperar, de este modo, ser aceptados. Pero, en cualquier caso, sea cual sea la estrategia sí comparto que ninguna de ellas es garantía de que nos acepten. Es más, la acomodación constante a los otros puede ser el motivo de rechazo, precisamente porque en el encuentro no hay contraste, o lo que es lo mismo, sería algo como estar solo estando con otro.

    Por este motivo, aunque en principio, nos cuesta aceptar la diferencia de los otros, como tú, Paulina, también yo entiendo que la diferencia es una riqueza. Pero añadiría que se trata de una riqueza pecualiar, en el sentido de que no es directamente apreciable, para la mayoría, y que por tanto requiere de nosotros un proceso de aprendizaje para valorarla como tal riqueza.

  • (11/06/2012 - 13:52h.) Paulina Ramírez

    Estamos de acuerdo, para apreciar la diferencia con los demás como una riqueza, necesitamos de un proceso de aprendizaje. Para mi entender, tal aprendizaje implica el responsabilizarme de mi propia individualidad y de la del otro. Gracias por tu comentario, Teo

  • (18/01/2013 - 20:52h.) Alejandro Rodríguez

    Estoy pensando que acabo de llegar a casa y me iba diciendo, no voy a quedar, prefiero quedarme en casa, no voy a quedar, prefiero quedarme en casa,... Y resulta que me llaman y quedo,...Hay una parte de la confluencia adaptativa, en la que me adapto a lo que ocurre en el ambiente, y eso muchas veces hace que al escoger lo de la mayoría aciertes por la sabiduría grupal. Está la otra parte en la que al escoger el camino de todos me quedo fuera de mí, y sintiendo que no es lo que más me convino. Mi pregunta es ¿Cuándo la confluencia consciente es positiva? Me respondo, mientras pienso en letra escrita, que la confluencia que llega a través de la tierra, de la tradición, de lo que cita Paco Peñarrubia como el héroe Moisés, el sembrador, el agricultor que hace lo añejo, con cariño, y confía en el mundo, en Dios, en como se quiera llamar, para que al final brote la semilla.
    Y ahora me digo, voy a salir, y también impondré mis condiciones: vísteme despacio que tengo prisa, que decía mi padre. El refrán como parte del pertenecer. Lo de fuera y lo de dentro se encuentran en mi piel. Enhorabuena por el artículo Pau.

  • (19/01/2013 - 13:05h.) Ana Jiménez Rodríguez

    La confluencia en origen la podemos ver muy bien en los niños pequeños, aludiendo a la frase de Paulina, "En la selva, el camaleón cambia su apariencia por supervivencia,". Pues en los niños pequeños, nacen ya camaleones, viven muy apegados a sus padres o cuidadores, son dependientes de los deseos y necesidades de la familia. No se sabe donde empieza y termina su ser, y se confunde con la madre principalmente en su intensa necesidad de una identidad.
    Si esto mismo lo extrapolamos a las personas adultas, vemos el ejemplo Zelig, se siente que no "existe" cuando no lo ven porque sigue teniendo la necesidad de que alguien lo "identifique". Mi identidad por complacer al otro, porque soy lo que otro quiera que sea... A veces el cordón umbilical no está cortado del todo. Un abrazo Pau.

  • (26/01/2013 - 15:01h.) Alberto González Hidalgo

    He recordado aquel cuento del pez al que le preguntaban que es el agua y no sabía responder precisamente porque había estado totalmente sumergido y hace falta sacarlo del agua para que conozca que es.
    En la confluencia más profunda no hay diferenciación, no hay polaridades yo-otro, bueno-malo, miedo-deseo ninguna polaridad.
    Y sin conciencia no hay posibilidad de terapia.
    Por no perder la sensación de unidad o de totalidad no reconocemos lo que es real para nosotros aquí y ahora.
    Nos preguntan sobre algo y decimos "como siempre" "no se" o "tu como me ves".
    Hay ciertos pacientes cuando se les pide que se definan a si mismos te dicen: hmm no se es que soy esto y lo otro. O en el proceso de terapia decimos: si, me pasa esto pero no siempre también hago lo contrario, interrumpiendo el contacto.
    Es como si no quisieramos diferenciar. Así poco a poco polarizando tomamos conciencia de un polo, como polo y no como totalidad y súbitamente descubrimos el otro polo.
    Y ahí es donde tenemos que tomar nuestra responsabilidad de elegir. Porque ya hay opciones...

  • (13/03/2013 - 12:22h.) Rafael Goicoechea

    Me resultó curioso del taller de enero de revisión y entrenamiento en los mecanismos de defensa el hecho de mirar al mecanismo de la confluencia desde otro ángulo. Siempre ha sido un mecanismo que he visto lejos de mí, quizás porque en mi familia, especialmente en mi madre, tenía ejemplos muy palmarios del mismo, y me veía muy diferente en eso. A partir de las palabras de Victoria, la terapeuta, de como se observa esta angustia de la no pertenencia del mecanismo en pacientes que tienen vista una situación y los recursos para salir de ella pero aún así no pueden evitar quedarse pegados a la misma, en la dificultad para separarse, cerrar y terminar duelos (que aquí es donde me tocó), he ido poniéndole más atención a la identificación y la indagación de la confluencia en mí. Quizás porque es tan preverbal, ¡qué sutil, qué difícil de ver en tantas ocasiones!

  • (12/06/2013 - 14:03h.) Vanesa Caballero Ruiz

    Me ha resonado bastante el contenido de este blog.
    Durante gran parte de mi vida, me ha costado mucho establecer mis propios límites, por lo que siempre he adoptado una actitud inhibida, para así poder adaptarme y confluir con los demás, con el único fin de conseguir su aprobación.
    No obstante, como bien se ha indicado, el uso de este mecanismo neurótico no me ha garantizado poder contar con dicha aceptación del otro. Por otro lado, lo que sí he conseguido durante muchos años, es ir desapareciendo poco a poco, ya que fui perdiendo la conexión conmigo misma.
    El ser ya consciente de la presencia de este mecanismo en mí, me da la lucidez necesaria para detectar cuándo se me activa, para así poder ir generando respuestas más asertivas en las que tenga en cuenta mis intereses y mis motivaciones, y para ser cada vez más responsable de mí misma.

  • (12/06/2013 - 23:21h.) M. Iluminada Madrid Gómez

    Con este tema de la confluencia me he acordado de un microrrelato de A. Monterroso en el libro: "La oveja negra y demás fábulas". Se titula LA RANA QUE QUERÍA SER AUTÉNTICA. La copio.
    Había una vez una Rana que quería ser auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
    Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.
    Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
    Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
    Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
    Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.
    ¡AHÍ ES NADA! Confluencia en extremo.

  • (13/06/2013 - 16:10h.) Isabel Hernández Sánchez

    Es tan delgada la línea entre el ceder y el imponer, que sin darnos cuenta caemos muchas veces en cesiones que no queremos hacer, e imposiciones de las que no somos conscientes. La cuestión se alivia cuando escuchamos nuestras sensaciones y acertamos a intuir lo que de verdad queremos. La confluencia también tiene una parte sana, la de sentirnos parte de un todo, en exceso se va al extremo de la soledad que provoca, y la confusión en las relaciones.

    Creo que necesitamos volver a "validar" la intuición y el buen uso de la entonación y el vocabulario para transmitir con determinación y dulzura lo que de verdad queremos, sin expectativas del resultado.

  • (17/06/2013 - 21:52h.) Luisa Maria de la Casa Romera

    Me gusta el cuento de Lumi, sobre la búsqueda de la autenticidad y la identidad de una pobre ranita que oscilaba entre la soledad y la confluencia absoluta y humillante.
    ¿Cómo manejarnos en esta polaridad? Confluyo con Isabel cuando habla de "validar la intuición", "sin expectativas de resultado". Creo que es una buena pista para la búsqueda de la autenticidad.

  • (18/06/2013 - 06:42h.) José Salama Benatar

    uf.... quizas la confluencia sea como dice teodoro el motivo de mayor rechazo y falta de respeto que tengamos para con el projimo. Aunque a todos nos gustaria que confluyeran con nosotros es verdad que la acomodación constante a los otros puede parecernos una falta de personalidad o un exceso de acomodacion del otro..... amen de esa falta de contraste en la relacion tu-y-yo. Si todo en la vida tiene y mantiene cierta polaridad que permite que exsta "flujo" la confluencia nos llevaria a la desaparicion de esa polaridad y en ultimo extremo a la muerte. Es curioso pues como a veces obtenemos un efecto paradojico: siempre que he confluido con tal de no dar problemas y por ese deseo de ser aceptado y querido al final se produce el dolor de la muerte y la separacion.

    Tambien creo que la escenificacion de la autodestruccion que supone dos personas hiperconfluyendo sea la pelicula Telma y Louise en la que se ve como una arrastra a la otra hasta la famosa escena final de tirarse ambas por el precipicio.

  • (19/06/2013 - 09:53h.) Cristina

    Después de leer el articulo del blog, de leer vuestro comentarios, lo que siento es tristeza...

    Cuantas veces no hemos podido faltar el respecto a nosotros mismos, hemos permitido invalidar nuestro sentir, nuestro pensar, nuestra luz,.... solo por ser aceptados por un igual. Personas como nosotros con sus miedos, sus victorias, sus miserias, pero a las cuales les damos un valor tan casi divino que sumado con la ignorancia de nuestro propio conocimiento, nos hace actuar irresponsablemente ante nuestras emociones, de sostenerlas, defenderlas, aceptarlas, según el momento que nos toque, aún siendo estas nuestro yo verdadero, el cual no podemos permitir que desaparezca, llegándonos a preguntar algún día, quien soy yo.

  • (20/06/2013 - 08:25h.) GRACIA GARCIA

    He eido muy atentamente el blog , muy interesante y a la vez muy emotivo , me he visto reflejada y vivida através de las palabras de este articulo, y siento en mi un vacio hacia esa vida que llevaba de confluencia con los demas , con la pareja con los hijos... pero como bien dice el dicho nunca es tarde para darse cuenta de las situaciones y rectificar y aqui em pieza el caminar con miedo , pero con mucha esperanzas quitandote esas ataduras alguans veces muy poco a poco y otras demasiado de prisa y como no dejandote personas atras en ese caminar pero es necesario para dejar de confluir con ellos....

  • (25/06/2013 - 23:35h.) Cristina Torres

    la primera vez que lo leí no me dijo mucho el texto, ahora, despues de leerlo y leer los comentarios, me doy cuenta de como de primeras puedes pensar que no confluyes y como al final te das cuenta, que todos en menor o mayor medida, ya sea con familia, amigos o trabajos acabamos confluyendo para evitar conflictos, evitar pensar o decidir, o porque ya tenemos automatizada esa actitud,....

  • (01/07/2013 - 13:30h.) Rocío González

    Este artículo me ha gustado mucho leerlo porque me ha dado que pensar, ya que todos caemos en la confluencia, sin ser conscientes de que en ocasiones nos hace sufrir.
    A lo largo de mi vida me he dado cuenta de que confluía muchísimo con las personas de mi entorno para ser aceptada y no tener conflictos. Actualmente con el trabajo personal que estoy realizando, y con todo lo que me queda todavía por trabajar, he dado el primer paso que es ser consciente de cuando confluyo, para tenerme mas presente a mí misma con mis sentimientos. pensamientos y conductas y no caer en la trampa de la confluencia para ser aceptada y querida por los demás.

  • (02/07/2013 - 20:25h.) Ana Gálvez Rubio

    Leyendo el blog y vuestros comentarios, es muy triste el que una persona confluya en otro u otros. Llega a anularse por completo, vive un no se qué y un que se yo. Donde se quedarían sus valores, sus habilidades, sus capacidades, sus emociones, sus actitudes, sus aptitudes, donde se quedaría el o ella, como dice Jose, muertos en vida.

    Pienso que las personas "confluimos" en los comienzos de una relación de pareja, y no mostramos nuestra realidad, nuestro yo verdadero. Lo que si es cierto es que muchas personas más adelante de la relación se muestran tal y como son, pero otras se quedan enganchadas, por miedo a ser rechazadas o a no ser aceptadas, y en estos casos es cuando pasaría a ser una confluencia neurótica.

  • (07/07/2013 - 13:13h.) Cristina Gabriela Dumitrache

    La confluencia es otra manera de anularnos y no respetar nuestras necesidades. Es tan común que todos los hacemos, yo personalmente me busco la excusa diciéndome a mi misma que ceder, o hacer lo que la otra persona quiere es un "detalle" hacia la otra persona y una manera de enseñarle que la quiero. El problema es cuando solo hacemos lo que la otra persona quiere y negamos sistemáticamente nuestros deseos y necesidades. Leer esta entrada del blog me hace pensar que necesito una señal de alarma cuando hago lo que otros me piden para pararme a pensar antes de hacerlo para ver si lo hago porque me apetece de verdad y con autenticidad o porque estoy confluyendo y busco aprobación.

  • (07/07/2013 - 21:51h.) Mercedes Martinez

    ZELIG ESCENIFICACION DE LA CONFLUENCIA
    Cuando es la confluencia el mecanismo con el que nos relacionamos con los demás, me sugiere invisibilidad, la no existencia, no existir me hace sufrir. El personaje de la película, existe cuando se disfraza, mientras se adapta a otros. Cuando es el mismo, es un ser perdido, no está en contacto con sus necesidades. Desde mi experiencia, confluir con el otro es estar desconectada de mis necesidades para satisfacer al otro, para que me acepte y para que me quiera, es dejar a un lado mi existencia y mi espacio y además me hace más dependiente de los demás. Coincido con Cristina, en que es una manera de anularnos y de no respetar nuestras necesidades.

  • (18/08/2013 - 09:16h.) mercedes garcia perez

    En la confluencia, hay una linea muy pequeña que divide lo que yo quiero y lo que yo "creo" que quieren los demás. Hay una zona casi imperceptible de respetarme a mí misma y de respetar al otro. La única manera de enterarme es arriesgarme a hacer lo que siento, es decidirme a actuar, a utillizar el ensayo-error, a permitirme equivocarme o acertar.Esto conlleva verme diferente a los otros y ahí es donde encuentro mi individualidad : dejándome libre y dejando libre al otro. Valorar y valorarnos en nuestras diferencias conlleva tiempo, paciencia y una gran dosis de respeto hacia mí misma y hacia el otro. En ello estoy...y por lo que leo de vosotr@s en ello estais.

  • (03/09/2013 - 18:30h.) Poly Valverde Linares

    Ahora que empiezo a comprender e identificar lo que es la confluencia reconozco que tiene su "sexapil".
    Sí que es placentero sentirse aceptado, respetado y querido por un grupo de personas, no tener conflictos con tu pareja o tus amigos, sentir que formas parte de algo importante... es dificil resistirse, y tampoco hay por qué hacerlo.
    Si sabemos utilizar la confluencia, como dice en la 2ª parte del blog, como un aderezo de nuestras relaciones y no como nutriente principal. Pienso que es muy importante aprender a escucharse, identificar nuestro ser, para no caer en esa confluencia pasiva y anuladora que finalmente acabará disolviendo esa persona única e irrepetible que somos cada uno de nosotros.

  • (06/09/2013 - 20:32h.) ANGELA BENITO MENENDEZ

    No hace tanto, que me dí cuenta de que me había fundido y si no al 100%, si sobrepasando mis limites muy por encima de mis posibilidades.
    Darme cuenta de esto, ha sido difícil, puesto que yo siempre me he "diferenciado" de mis padres y mi hermana. Yo siempre he recibido el "¿De quien habrá sacado esto?", pero al final, esta diferenciación era algo más externo que interno y poco a poco he ido sobrepasando los límites hasta no poder sostenerlo.
    Mi primera reacción fue un rechazo hacía todo y todos, pero el trabajo ha conseguido que todo vuelva a su lugar. He aprendido a respetar mis limites y respetándolos yo, los respetan los demás.
    Siento ahora que las relaciones son mucho más sanas y más reales. Y yo ahora disfruto compartiendo.

  • (10/11/2013 - 20:57h.) MARIA ISABEL JIMENEZ RODRIGUEZ

    Yo voy hablar desde mi estado de animo del momento sobre las consecuencias de la confluencia, es algo que tenemos que tener muy en cuenta este mecanismo neurótico que aparentemente nos hace felices pero es todo lo contrario es un autentico sufrimiento y encarcelamiento. Pues la creencia de que si nos adaptamos a los otros vamos ha ser más felices y hablo en primera persona, porque mientras veía la pelicula me sentia identificada con el personaje donde no me disfrazo literalmente pero si lo hago de otra forma. Cuanto de Woody Allen hay en mí y no hablo solo del personaje de la peli sino en sentido mas amplio del persona con nombres y apellidos. La perdida de libertad de libertad por ser aceptada por los otros pero también corriendo el riesgo de que en este estado neurótico, a veces, tienes un pequeño estado de lucidez donde tienes la necesidad de ser uno mismo y entonces te das cuenta de que también tanto querer confluir, puedes obtener el efecto contrario, el de no ser aceptada como tu quieres. En definitiva terminas por estar perdida de una manera u otra.
    Estos días que literalmente tengo un hambre especial que puedo justificar diciendo que puede ser una ansiedad disfrazada o lo que es igual una glotoneria en la que culpo a la ansiedad este termino de confluencia coge una mayor fuerza, porque soy consciente de que no como para sastifacer el apetito u obtener unos determinados nutrientes para vivir, sino que en estos días estoy viviendo para comer.

  • (19/02/2014 - 03:54h.) Yolanda

    Adoro a Woody Allen y me encanta su película, Zelig. Recuerdo que me resultaba muy divertida la reacción que despertaba el protagonista en la gente que le rodeaba, cómo todos exclamaban asombrados algo así cómo: "¡mirad! ¡ahí está otra vez ese extraño ser! mimetizándose en el ambiente..." nadie conocía cómo era él "realmente", pero todos sabían que siempre aparecía, actuaba y vivía como copia de otras personas.

    Confluyendo acabas fundiéndote y perdiéndote en quien otro es, elaborando la falsa creencia de que se es en confluencia porque la casualidad así se ha dado, porque los intereses son afines o por una demanda no cubierta que espera satisfacerse en un futuro (una especie de hoy por ti, mañana por mí). O al menos eso me ha ocurrido en alguna ocasión, en la fantasía de "lo hago porque quiero" está el "lo hago porque LA/LE quiero, y que me quiera a mí también", y, cuando se cruza la línea, uno deja de hacer por él y no puede verse si no es con y en los demás.

  • (25/03/2014 - 22:19h.) Victoria Tena

    Entiendo por contacto sano, ése espacio común en el que puedo encontrarme con Otro sin perder mi individualidad, donde se puedan encontrar nuestras individualidades a pesar y por encima de nuestras diferencias. (Pienso que para aceptar la diferencia, tanto la propia como la del otro, se hace necesario un esfuerzo por transcender mi ego, lo que creo que es mi necesidad prioritaria disfrazada por mi defensa).
    Mi dificultad personal desde éste ángulo, se encuentra en ése espacio que siento confuso y que se refiere al punto en el que Yo me respeto y respeto al Otro. Hasta no hace mucho me he encontrado bajo la creencia de que para respetar al otro debía pasar por alto mis necesidades, he considerado que debía acomodarme a él y para llegar ahí he necesitado invisibilizarme en la relación, a veces faltándome el respeto a mí misma. Ahora no me resulta extraño que mi sentir fuera de invalidez personal, de frustración, insatisfacción...conmigo y con los otros.
    Empiezo a transitar éste terreno de otra manera y me doy cuenta que, cuando me acepto, me respeto y me valido ante otro, expresando lo mío y contando con la realidad de que desde la otra orilla será otra la experiencia y la vivencia, será otra la historia, pareciera como si se abriera un espacio común donde podemos encontrarnos desde nuestras individualidades y compartir quizás otro camino, quizás de otra manera. Creo que esto implica estar dispuesto a escuchar y a responsabilizarnos de nuestra propia individualidad y aceptar la del otro, y pienso que aquí se hace necesario un esfuerzo personal e individual, incluso cierto grado de transcendencia para no aferrarme al ego que me mantendría en mí sin dejarme ver al que tengo en frente. Como consecuencia de éste proceso que atravieso, vivo algunos conflictos que me resultan necesarios con algunas personas. Trato de resolverlos desde mi autenticidad y mi respeto hacia mí, hacia el otro y hacia el vínculo que nos une, lo cual me está aligerando mi propia exigencia y la que descargo en los otros, también vivo ahora mis relaciones de una manera más real: desde lo que sea que haya o que surja, que se descubra o se desvele, aceptando la libertad del otro y lo mejor, disfrutando la mía propia. Aunque a veces implique dolerme y vivenciar emociones no tan agradables, también hay otras veces en que puedo disfrutar mi libertad positivamente y ahora puedo sentirlo y disfrutarlo con otra intensidad. Me quedo con la sensación de que todo es para algo y con el aprendizaje y la satisfacción de sentir que me es necesario ocupar mi espacio, habitarme, encarnar mi vida.

  • (27/03/2014 - 18:01h.) Inma López Espejo

    Recuerdo mi dificultad en el taller para ver "mi confluencia". Y no voy a deciros ahora que ya me resulte sencillo, porque os mentiría vilmente. Me cuesta mucho trabajo ver cuándo, dónde, cómo, con quién confluyo, así que me dejo pensar que confluyo tanto, que aún no puedo verlo...

  • (13/11/2014 - 17:48h.) Fran Serrano

    Para mi este es uno de los mecanismos más difíciles de identificar, tiendo a ser condescendiente con los demás y a veces rebaso la linea y me pierdo en esa condescendencia. Me suele ocurrir con gente que me produce miedo o a la que sitúo por encima de mi en algún aspecto, confluyo con ellos con tal de evitar el enfrentamiento, unas veces por temor a las consecuencias y otras esperando ser aceptado...

  • (10/06/2015 - 03:18h.) Desirée Xyke

    Qué peligrosa la confluencia... y es tan común que a veces cuesta diferenciarla, separarla de la empatía, o de la buena intención en la que fallamos a nuestra autenticidad por obtener alguna ventaja desleal del exterior. Darme cuenta de mis tendencias a la confluencia fue y sigue siendo doloroso, y el trabajo atentamente constante, mas no se me ocurre nada tan valioso como conseguir el autoapoyo y la autonomía emocional, seguimos en el camino.

 

Identificación

Si quieres, puedes utilizar tus datos de Qualia, Facebook o Twitter, de forma que aparecerá tufoto junto a tu comentario, y no será necesario que vuelvas a introducir tus datos en futuros comentarios.

 

Nuevo comentario

(Tu e-mail no será visible por el resto de visitantes.)