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Blog "Zelig, de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 2: Consecuencias" por Paulina Ramírez colaboradora de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada."Zelig", de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 2: Consecuencias

Por Paulina Ramírez  
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Blog "Zelig, de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 2: Consecuencias" por Paulina Ramírez colaboradora de Qualia, Psicología y Salud Emocional, con sede en Granada.

"Zelig", de Woody Allen, escenificación de la confluencia en Terapia Gestalt. Parte 2: Consecuencias

Publicado el 10/05/2012 por Paulina Ramírez

Consecuencias de la confluencia

Todos queremos ser aceptados y sentirnos cómodos con los que nos rodean.

Como se analiza en la Parte 1 de este blog, el personaje de la película de Woody Allen, Zelig, lleva el mecanismo neurótico de la confluencia a una caricatura que refleja muy bien la problemática psíquica que subyace al límite de la frontera del ego: el contacto. Cuando nuestro fin último es querer sentirnos aceptados a toda costa, el contacto con el ambiente y con otra persona está enfermo.

Todas las fronteras son conflictivas, igual que las de los países al entrar en contacto, las nuestras también sufren roces, también están en alerta y obviamente surgen desacuerdo incómodos, pero que la mayoría del tiempo son subsanables. Algunas veces optamos por ser camaleónicos y mimetizarnos, y quedamos en paz, pero si esto se vuelve un hábito, desatendemos nuestras propias necesidades y nos deshabitamos.

Mi paciente, a la que llamaré Ángela, está tan mimetizada con su madre – una mujer de carácter sumamente fuerte – que a sus 30 años todavía la llama dos veces al día para contarle cómo está. Ángela no puede enfrentarse al conflicto que supondría para ella que su madre no supiera lo que hace su hija durante el día. La consecuencia primordial es que mi paciente se ve exigida a hacer algo que no le apetece y desatiende sus ansias de liberarse de ese vínculo tan férreo que mantiene con su madre. En la sesión de la semana pasada, Ángela llego a su cita de las 8 de la tarde como todas las semanas y lo primero que me dijo es “hoy no he llamado a mi madre”. En su rostro había tal tranquilidad y felicidad que no fue necesario decir nada por algunos minutos, ella estaba disfrutando de su toma de consciencia y de su conducta y yo lo disfrute con ella. El espacio terapéutico a veces se vuele un silencio entre dos. Ciertamente, madre e hija tendrán que acostumbrarse a otro modo de relacionarse que está comenzando, y enfatizo comenzando, por la disminución de llamadas-reporte.

Aderezo, pero no alimento principal

Una de las sensaciones más gratas de nuestra vida es sentir que pertenecemos y que somos aceptados por nuestro grupo de referencia. Es un aderezo fantástico, pero si se vuelve nuestro alimento principal, nos volvemos neuróticos. En mi entrada de blog del 24 abril “La neurosis como evitación y como trastorno del crecimiento en Terapia Gestalt”, intento explicar cómo la evitación hacia nosotros mismos y hacia responsabilizarnos por nuestro propio bienestar nos mantiene inmaduros. En la confluencia el sujeto se invalida y se evita a toda costa, está atento al ambiente externo, no a sí mismo.

Si la vida fuera una cena y la comida fuera servida con esmero, gusto exquisito y ambiente agradable ¿nos dedicaríamos a comer sal toda la noche? El aderezo -transar, aceptar, no disentir- es bueno para acompañar una vida, no para nutrirse de ella.
 

Reseñas

Polster E. y M., (2005). Terapia Guestáltica, perfiles de teoría y práctica. Buenos Aires-Madrid: Amorrortu.
Peñarrubia F., (2006). Terapia Gestalt. La vía del vacío fértil. Madrid: Alianza.
 

Fotografía de Paulina Ramírez

Paulina Ramírez

Psicóloga Especialista en Terapia Gestalt, miembro de la Asociación Española de Terapia Gestalt y miembro del Equipo Terapéutico de Qualia, Psicología y Salud Emocional. Formada en Teatro Terapéutico. Finalizando la Formación en Psicoterapia Integrativa.

CategoríasTerapia Gestalt

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Comentarios

  • (30/06/2013 - 19:21h.) María Alonso

    No es fácil tener una voz discordante con el entorno, es algo asumido, asimilado y de alguna forma se ha creado como hábito de comportamiento. Realmente no hay conciencia de lo que está ocurriendo.
    Totalmente de acuerdo con que subyace una inmadurez y una falta de responsabilidad para con la propia vida.

  • (01/07/2013 - 17:48h.) Raquel Solís

    Me ha gustado mucho esta exposición sobre la confluencia, y me ha hecho darme cuenta de algunas cosas.
    Es doloroso como en la educación femenina hay una gran carga de confluencia desde el principio, un mandato que introyectamos fuertemente de "asentir y callar", y que a veces se adorna con el ayudar y salvar a otros, no hacerles sufrir o el colaborar...
    Cuantas mujeres viven entregadas a las necesidades de los demás olvidando sus necesidades a cambio de amor y atención...
    Por otro lado, en nuestras casas, desde pequeños, tanto niños como niñas, podemos crecer en una familia donde no se discutan las cosas, donde los conflictos se ocultan, donde la armonía nace de no ser diferente...de no ser la oveja negra...
    Así, entre unas cosas y otras, llegamos a ser adultos miedosos de que nos rechacen, y no solo fantaseamos con hacer y decir lo adecuado para que nos acepten, sino que al mismo tiempo fantaseamos con discutir, rebatir, negarnos, hacer algo diferente y arriesgado...pero sin hacerlo...
    Espero desde hoy pasar menos tiempo en mi mundo de fantasía y marcar mis límites con una línea clara y visible...permitirme ser más yo a pesar de...

  • (07/07/2013 - 13:38h.) Jesús

    En la confluencia el sujeto se invalida y se evita a toda costa, está atento al ambiente externo, no a sí mismo.

    Esta frase me recuerda a otra que me decía Sebastian, que las personas tienen necesidad de ser si mismos y necesidad de ser parte (de un grupo), si alguna de estas no esta satisfecha la persona no lo esta. Así veo la confluencia como quedarse en el extremo de ser parte olvidando, incluso no percibiendo tus propias necesidades.

    En mi caso ha sido así, confluyendo con mi familia y con mi genero (es verdad Raquel, como influye) he desatendido mis necesidades para estar siempre atento, disponible, hacer las cosas bien y estar de buen humor... en partes de mi vida he sido casi incapaz de estar solo, como si fuese a desaparecer como Zelig.

    Ahora, que tomar contacto conmigo mismo me está generando experiencias extrañas, tengo más frío (antes no tenia nunca), me canso más, me dan ganas de fumar, veo como me equivoco. Eso en si mismo no me parece agradable... pero cuando doy un pasito mas y me abrigo, descanso o pido que me cuiden (de fumar no hablamos...) la experiencia si es más agradable.

    Un poquito mas, últimamente brota en mi la risa, la rabia y el miedo y le estoy dando salida sin pensarlo mucho. Eso me divierte aun mas y se me hace que estoy más en mi que en la confluencia.

    PD: tendré cuidado de no pasar tanto de los demás que me genere problemas sociales/relacionales

  • (09/07/2013 - 02:01h.) Belén González

    "Cuando nuestro fin último es querer sentirnos aceptados a toda costa, el contacto con el ambiente y con otra persona está enfermo" Esta premisa me lleva a la siguiente conclusión:
    "Cuando mi fin último es querer sentirme aceptada por mi misma a toda costa, el contacto con el ambiente y con otra persona se sana"Parece simple.... :)

  • (10/07/2013 - 19:22h.) Inés Cañamero

    Confluencia, cuantas veces me habré olvidado de mis deseos, de mis necesidades, para intentar ser aceptada tanto por mis padres, por mis amigos, por mis parejas, hasta llegar al punto de no saber que deseaba, de no saber que hacer, que camino coger, pues pensaba que ninguno estaría bien, no estaba dispuesta a sufrir los riesgos de ser diferente, solo quería encontrarme bien y no lo conseguía, así he estado años, intentando adaptarme a ellos, intentando acomodarme, fantaseando como bien dice Paulina de que si conseguía adaptarme a ellos me aceptarían, nunca conseguí adaptarme, solo conseguí tener desacuerdos y conflictos grandes conmigo misma, que ellos sufrian, la lección de que es un esfuerzo inútil la tengo muy bien aprendida. Me ha encantado leer que en realidad creamos esa fantasía en base a lo que nosotros mismos rechazamos y aceptamos, dejando fuera la opinión de los demás, es nuestra fantasía, es nuestra responsabilidad.
    Yo en esos momentos no era consciente de cuales eran ni mis necesidades, ni mis deseos, ni de nada, estaba inhabilitada, me evitaba, solo estaba atenta al exterior, a lo que yo creía en mi fantasía, que me demandaban los demás.
    Tomar conciencia de todo ello es muy doloroso, pues ves el dolor que te has provocado tu misma, pero a la vez sabes que es inevitable, y que tenia que ser así. Hoy por hoy sigo en mi camino de aceptarme a mi misma, aunque a veces me sea inevitable confluir con las necesidades o deseos de los otros, pero la mayoria de la veces tomo conciencia de ello, lo cual ya es un pequeño avance.

  • (12/07/2013 - 17:11h.) Esther García

    Confluencia me resuena muchísimo ,me recuerda en la familia educando a ser ! uno mas ! sin distinción ,sin poder desarrollarte en tu individualidad .
    Dejas que mirar tus necesidades como algo importante ,te desconectas ,buscas fuera tu identidad ,que te acepten y valoren.
    Para mí entenderlo ,reconocerlo es el camino ala madurez , para crear relaciones sanas ,la aceptación de UNO MISMO y del OTRO ,abrirse ala escucha y respeto de las diferencias .
    Aunque el rechazo sea un mecanismo de defensa ,estoy de acuerdo que sin diferencias , sin contraste , no nos otorga el camino de aprendizaje a la maduración . Cuando te descubres y respetas ,le descubres y respetas al otro .

  • (12/07/2013 - 19:41h.) Lina Martín Martín

    Cuando la confluencia se convierte en un hábito a la hora de relacionarse con los demás estamos viviendo en la mentira y en la soledad. El miedo a que no nos acepten y el intento de de controlar las emociones de los demás, nos aleja de nosotros mismos e impide a los otros tomar decisiones con libertad. Nos impide vivir con plenitud nuestras relaciones personales, pues el otro entra en contacto con la máscara que nos hemos puesto para agradarle, no nos dejamos ver; al mismo tiempo nosotros, cuando confluimos, vivimos en soledad nuestros miedos e inseguridades privándonos a nosotros mismos de una verdadera red de apoyo.

  • (06/08/2013 - 09:47h.) Marga Díaz

    Precisamente hace unos días ví un vídeo casero. Aparecía cada miembro de mi familia, cada uno de nosotros hace casi 20 años. Pude observar que aquello que he sentido durante años era real y no sólo una sensación. Allí aparecía yo, adaptándome a la situación, callándome cuando se me decía y guardando mis verdades, mi sentir... Poco habladora para variar, y sonrisa en boca.
    Sí, mucha confluencia...demasiada. Quizá la suficiente para hoy en día dejar de confluir al menos a ese nivel. Porque para mí confluir fue doloroso y anulador, olvidándome de mí, mis necesidades y mis deseos. Y como otra compañera ha dicho, creando necesariamente otra vida de fantasía donde sí era capaz de escucharme y tenerme en cuenta, sin llegar esto a ser real.
    Creo que en la actualidad hay más realidad en esta fantasía.

  • (14/08/2013 - 19:19h.) Ada Román Lorenzo

    La confluencia...entiendo este mecanismo cómo funciona y para que lo solemos usar, pero estoy confusa porque no sé muy bien si yo lo he usado tanto como creía.
    En mi casa de pequeña, como en la de muchos de vosotros, lo que estaba "bien" era asentir a todo lo que se decía, no llevar jamás la contraria y crear problemas pensando de forma diferente a la familia.
    Yo rara vez pensaba de igual modo, puede que en muchas ocasiones para buscar esa falsa libertad que me daba la rebeldía, pero mi estrategia empezó a ser dejar de dar mi opinión y reprimirme en mi sentir...pero no camuflarme con el entorno o aparentar sino manteniendo mis ideales...en fin no sé muy bien que es eso, como digo ahora estoy confusa.
    Bueno...aunque creo que lo importante es que estamos tomando conciencia de nuestros mecanismos neuróticos y estamos intentando sanar y cuidar de nosotros mismos.

  • (25/08/2013 - 01:36h.) Mariola Fernández

    Leyendo el artículo y repasando situaciones y etapas en mi vida desde que nací, me doy cuenta de lo tempranamente que aprendí a confluir. ¡Lo que un niño es capaz de hacer con tal de ser aceptado! Renunciar a tus verdaderos deseos, a pedir lo que necesitas, a mostrar lo que sientes, a tener sueños... con tal de sentirte aceptado y amado por aquéllos que te importan.
    Hacer lo que realmente uno desea hacer, no lo que los demás esperan que hagamos, es un reto que la madurez nos permite afrontar, aunque no está exento de miedos.
    Yo estoy aprendiendo que respetándome me gano el respeto de los demás, me hago responsable de lo que quiero, de lo que siento, y dejo en las manos del otro su responsabilidad.

  • (08/09/2013 - 20:12h.) Mercedes Martínez

    ZELIG ESCENIFICACION DE LA CONFLUENCIA
    Cuando es la confluencia el mecanismo con el que nos relacionamos con los demás, me sugiere invisibilidad, la no existencia, no existir me hace sufrir. El personaje de la película, existe cuando se disfraza, mientras se adapta a otros. Cuando es el mismo, es un ser perdido, no está en contacto con sus necesidades. Desde mi experiencia, confluir con el otro es estar desconectada de mis necesidades para satisfacer al otro, para que me acepte y para que me quiera, es dejar a un lado mi existencia y mi espacio y además me hace más dependiente de los demás. Coincido con Cristina, en que es una manera de anularnos y de no respetar nuestras necesidades.

  • (06/10/2013 - 18:35h.) LEONOR

    Qué fácil parece desligarse de la confluencia y sin embargo para lograrlo he tenido mucha dificultad.
    Desde que me fui haciendo adulta, independizarme de mi familia, de mis padres, ese hecho no consiguió separarme de la educación recibida. Que era buena para mi, porque ellos con su neurosis, frustraciones, etc., entendían que era lo mejor para mi, así yo lo asumí mucho tiempo después de abandonar la niñez.
    Y desde la necesidad de la niña de ser aceptada, me doy cuenta de que he renunciado y cedido muchas veces a cambio de ello, de ser amada, confluyendo con los demás, sin tener conciencia de mis deseos, sin atender a lo que yo realmente sentía, ignorando mi espacio, mi ser.

  • (23/10/2013 - 22:31h.) Sofía Rodríguez Hernández

    He visto la película y me ha hecho mucha gracia Woody Allen. Cuando se había curado de transformarse en sus semejantes, este fenómeno volvió cuando la gran masa empezó a juzgarlo y a volverse contra él. Yo me doy cuenta que utilicé este mecanismo para sentirme aceptada y valorada, tomando referentes dañinos a la larga para mi ser. Luego he querido mucho encontrar mi autenticidad, pero el hecho de sentirme parte de un grupo, de ser aceptada por mis iguales es algo muy importante. Si no tuviera unos pilares de referencia en mi vida, me perdería sin remedio, pero no tengo duda de que una y otra vez me encontraría en medio de mi propia perdición.

  • (27/12/2013 - 20:12h.) Paula Paloma

    Me ha gustado mucho este blog; Al leer esta frase: "Cuando nuestro fin último es querer sentirnos aceptados a toda costa, el contacto con el ambiente y con otra persona está enfermo" muestra para mi la anulación de tu yo para ser otra cosa, como una interpretación de papeles con los que al cabo del tiempo no sabes cual es tu identidad. Muy de acuerdo con el aderezo pero no alimento principal, porque el aderezo da sabor pero no te nutre!

 

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