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Qualia

La ayuda en la terapia de pareja

La ayuda en la terapia de pareja que ofrece Qualia, Psicología y Salud Emocional

30/04/2013.

Cada persona es un mundo y las relaciones infinitamente diferentes. ¿Hacemos bien en dar sin reparo nuestra opinión sobre cuestiones muy personales?

Cuántas veces hemos sido el paño de lágrimas de una buena amiga, o un familiar ha acudido a nosotros en busca de comprensión por problemas con su pareja. Sobra decir que con la mejor de las intenciones ofrecemos nuestra escucha, experiencia y consejos a quien nos demanda consuelo. Sin embargo, ¿son buenas nuestras recomendaciones?

30/04/2013 por Qualia

 

Si no hacen caso a nuestros consejos solemos decir aquello de “ya te lo advertí”. Y si por el contrario hacen lo indicado nos sentimos bien, orgullosos de haber hecho “una buena obra”, sin caer en la cuenta del resultado.
Quizás dimos en la clave del problema y supimos guiar a quien nos lo pedía, o quizás no, y nuestra lección no hizo más que desviar la atención por un tiempo para hacer resurgir más tarde intacta la raíz del malestar.

En cuestiones de pareja no hay una receta mágica ni verdades indiscutibles. Lo que nos sirve a nosotros no tiene porqué funcionar en un ellos. Profundizamos en este artículo sobre estas cuestiones de la mano de un experto, Fernando Alcina, especialista en terapia de pareja del Centro de Psicología y Salud Emocional Qualia.

 

La ayuda en la terapia de pareja que ofrece Qualia, Psicología y Salud Emocional

Cuando tenemos un problema ya sea de pareja u otra índole acudimos a nuestros seres más cercanos. Hacemos partícipes a amigos o familiares de lo que nos sucede. Buscamos unos cómplices en ocasiones para escuchar lo que queremos oír, confiando en su sabia experiencia… ¿hacemos bien en preferir escuchar a otros en lugar de asesorarnos por alguien formado en la materia?

Fernando: Generalmente las opiniones o recomendaciones de los seres queridos están muy teñidas por la implicación emocional que tiene quien está opinando sobre la pareja. Quien odie al marido de su hermana le animará a que se aleje de él y quien sienta un profundo cariño hacia su yerno animará a su hija a que aguante a su lado. Esto es comprensible, lo hacemos todos, por esa razón como psicoterapeutas no podemos tratar a nuestros seres queridos, nuestra escucha estaría muy influida por nuestros prejuicios. Además de esto sucede que, como bien has dicho, consultamos a los seres queridos para escuchar lo que queremos oír, lo cual no suele coincidir con lo que más nos conviene oír. Es frecuente que quien está muy enfadado con su pareja busque a alguien que le dé la razón, que le diga que efectivamente su pareja es injusta o egoísta o lo que sea que regale sus oídos, y con ello sólo conseguirá que echen más leña a un fuego que acabará quemándole. Los problemas de pareja son siempre cosa de dos, es decir que a ambos les conviene enfocar cómo contribuyen o qué parte de responsabilidad tienen en los problemas que surgen entre ellos.


Parece que hasta que no llegamos al límite, como último recurso muchas veces, no acudimos a terapia. ¿Cómo llegan las parejas tras haber escuchado antes mil y un consejos, comparando su relación con la de otros?

Fernando: Conviene aclarar que está muy extendida una idea fija de cómo ha de funcionar una pareja y esto hace que muchas personas caigan en compararse con esa “pareja perfecta” que jamás discute y mantiene eternamente la pasión de los primeros meses. Esto, compararse con un ideal, genera malestar y tiene como consecuencia inevitable la insatisfacción y la no aceptación de lo real.

En realidad, cuando una pareja viene a terapia no siempre lo hace tras haber escuchado muchos consejos. Algunas personas son especialmente reservadas en lo que se refiere a sus problemas personales y eligen el espacio terapéutico para hablar por primera vez sobre ellos. Sin embargo si es cierto que muchas consultan previamente con sus familiares y amigos más allegados y es frecuente que pregunten nuestra opinión como profesionales acerca de aquello que les han aconsejado. En cualquier caso sí es cierto que, lamentablemente, la mayoría de las parejas que acuden a terapia lo hacen cuando la relación ya ha alcanzado niveles muy altos de deterioro. Con esto me refiero a que suelen traer mucho rencor acumulado y, como dicen frecuentemente durante la entrevista inicial, “agotando el último cartucho”.


La intención es lo que cuenta ¿pero deberíamos ser prudentes a la hora de aconsejar? ¿Beneficia o perjudica escuchar otras opiniones amigas?

Fernando: Aconsejar tiene el peligro de jugar a ser sabios, es decir a creer saber lo que es mejor para otros. Es una ruleta, puede darse que lo que le vino bien a quien aconseja también le sirva al aconsejado, y entonces ambos quedarán contentos, sin embargo el riesgo de que no sólo no le sirva sino que además por seguirlo cometa un tremendo error es más que considerable. Creo que no está mal la prudencia a la hora de aconsejar pero, sobre todo, considero que conviene ser muy prudente a la hora de ser aconsejado. Es preferible usar como brújula las propias necesidades que las opiniones ajenas. Por otra parte me temo que quien escucha los problemas del familiar o el amigo se siente obligado a dar una respuesta, a tener que saber qué es lo mejor que podría hacerse en esa situación.


¿Cómo debe ser la actitud y qué es lo más idóneo cuando nos encontramos ante alguien que nos pide consejo?

Fernando: Bajo mi punto de vista lo más valioso que podemos ofrecer a quien acude a nosotros para confiarnos sus intimidades es escucharle cariñosa y respetuosamente. Es decir con sensibilidad, sin interrumpir salvo que no hayamos entendido algo y preguntándole qué necesita en lugar de tratando de convencerle de lo que necesita. Saber escuchar sin juzgar no es tarea fácil, implica poder diferenciar lo que escuchamos de lo que sentimos al escucharlo y de nuestras interpretaciones de lo escuchado.


¿Cuál es tu método de ayuda en líneas generales como especialista cuando llega una pareja a terapia?

Fernando: Generalmente, cuando una persona acude a terapia, sea en pareja o de forma individual, suele llegar sin conciencia de cómo contribuye a que las cosas le vayan como le van. Lo más probable es que llegue criticando al ambiente que le rodea y sintiéndose una víctima de sus circunstancias. Esto mismo es lo que suele ocurrir cuando una pareja llega a terapia: ambos suelen creer que el problema lo tiene su acompañante. Yo dedico bastante tiempo a explicar a las parejas a las que atiendo que, aunque vienen juntos a las sesiones (lo cual tiene grandes ventajas y algunos inconvenientes) el trabajo que van a realizar es individual, es decir que de lo que se trata es de dejar de señalar lo que el otro hace mal para volver los ojos hacia dentro y preguntarse ambos “¿Qué estoy haciendo yo? ¿Cómo es que actúo o pienso de este modo? ¿Cómo gestiono mis enfados? ¿de qué manera agredo yo a mi pareja? …”

El espacio de una relación de pareja ofrece grandes posibilidades para madurar asumiendo responsabilidad en diferentes ámbitos. Yo procuro, esencialmente, transmitir una actitud a través de la cual poder salir de la queja por lo que mi pareja no me da para enfocar cómo podría empezar a dármelo yo, es decir quitarle a nuestra pareja la carga de tener que darnos lo que nos falta para encargarnos personalmente de que no nos falte. Tal vez esto se pueda entender mejor con un ejemplo: supongamos que una persona es muy celosa y le está exigiendo a su pareja que no salga con sus amigos porque de lo contrario sufre mucho fantaseando que podría estar siéndole infiel. En este caso esta persona le estaría pidiendo a su pareja que le diese la calma y la confianza que no está sabiendo darse a sí misma, y para ello pretende nada menos que recortar su libertad. Aquí la responsabilidad consistiría en que esta persona se cuestionara cómo es que se siente tan amenazada y tomase conciencia de que tiene un problema de inseguridad del que está responsabilizando a su pareja. Tomar conciencia es necesario pero no suficiente, a partir de ahí comenzaría su trabajo personal de poder experimentar la inseguridad en lugar de huir constantemente de ella, de aprender a detener las fantasías catastróficas de futuro para vivir en el aquí y ahora, de no buscar culpables ni responsables de lo que siente, de no pretender que sea otro quien tenga que rellenar sus carencias… Como decía John Lennon “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta”.

Otra de las cuestiones importantes consiste en aprender a comunicarnos con honestidad con nuestra pareja. Lamentablemente esto es algo poco frecuente, y no estoy queriendo decir con ello que la comunicación que se da generalmente en las parejas sea intencionadamente deshonesta, me refiero a que es muy habitual que, por ejemplo, en lugar de expresar que algo nos ha dolido o molestado, solemos enfadarnos y desde ahí intentamos manipular a nuestra pareja criticando su comportamiento, dejando de hablarle o siendo pasivamente agresivos. Sea en unos casos por orgullo, en otros por vergüenza o simplemente porque nadie nos enseñó a comunicarnos mostrando nuestra vulnerabilidad, el caso es que ante el dolor pasamos a la ofensiva en lugar de compartir cómo nos sentimos.

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