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Qualia

La Terapia Gestalt en el proceso de la maternidad: confiar en nuestro cuerpo y vivir el aquí y ahora

La Terapia Gestalt en el proceso de la maternidad: confiar en nuestro cuerpo y vivir el aquí y ahora

08/02/2013.

Ser padres es ser conscientes de las repercusiones que en el futuro de los hijos tendrán los primeros años de vida. 

La Terapia Gestalt ofrece un útil acompañamiento emocional en el proceso del nacimiento y la crianza que invita a los padres a disfrutar plenamente de la maternidad. Para ello recomienda un parto más natural basado en la confianza en la autorregulación de nuestro organismo.

08/02/2013 por Qualia

 

El nacimiento de un niño es un momento único. Verle crecer una experiencia irrepetible. Pero el papel de padre o madre no es fácil. Dudas, imprevistos, miedos, inseguridades, desconocimiento…un torbellino de emociones afecta a los nuevos padres y les impide en muchos casos disfrutar plenamente de este proceso.

Tanto individualmente como en la relación de pareja la llegada de un nuevo miembro a la familia supone una auténtica revolución. En muchas ocasiones la realidad es totalmente diferente a como se esperaba. Es en esos momentos donde es importante aprender a ser flexibles, a adaptarse y saber enfrentar los cambios.

Todo el mundo quiere ser un buen padre, dar lo mejor de sí mismos a sus hijos. Sin embargo no se cae en la cuenta que las experiencias de los progenitores a edades tempranas marcarán su papel como padres. Tal y como hicieron sus antecesores, influirán en la vida futura de sus hijos. La Terapia Gestalt brinda un acompañamiento emocional en esta etapa de la vida que como otras tiene sus dificultades, pero dependerá de cada uno disfrutar de la maternidad, vivirla de una forma natural. Y lo que es más importante para cualquier padre o madre, ayudar a sus hijos a crecer de una forma sana, y darles el sostén necesario para aprender a ser felices.

Ana Fernández, Terapeuta Gestalt y Gerente del Centro de Psicología y Salud Emocional Qualia, madre recientemente de dos hijos, nos habla de su experiencia en la maternidad desde la Terapia Gestalt.

 

La Terapia Gestalt en el proceso de la maternidad: confiar en nuestro cuerpo y vivir el aquí y ahora

¿Cómo fue ser madre siendo formadora en Terapia Gestalt?

Ana: Fue clave para mí. Tuve a mi primer hijo cuando estaba terminando mi formación en Terapia Gestalt en Murcia, y además varias de mis compañeras también estaban embarazadas de modo que la maternidad fue algo que estaba muy presente. Éramos muy conscientes y responsables de las consecuencias para nosotros y para nuestros hijos que tendría cómo viviéramos el embarazo, parto y crianza.

 

¿Qué te supuso como madre el poseer una formación en Terapia Gestalt?

Ana:  Por mi forma de ser lo que me apetecía era criar a mis hijos con apego y cercanía, y la Terapia Gestalt me apoyó en esa tendencia personal y me fortaleció. Me ayudó a seguir mi instinto maternal, a dejarme guiar por él. Pero también me hizo darme cuenta de lo mucho que influyen los primeros años, la educación y experiencias a edades tempranas en el resto de nuestra vida. Esto conlleva una gran responsabilidad como padres, una carga que puede resultar demasiado grande, por lo que hay que hallar el justo equilibrio. Así lo expreso en una de las entradas de blog que he realizado y que os invito a leer si tenéis un rato libre, lo he titulado "La escucha en la maternidad. Cómo escucharme me ayuda a ser madre". 


¿Y cómo se hace, cómo se consigue?

Ana:  Cuesta mucho encontrar la medida idónea entre darles lo que sientes que es lo mejor para tu hijo y la repercusión que puede tener para él. Es importante tener en cuenta que no depende de nosotros exclusivamente. Yo trato de quererlos y apoyarlos, darles un soporte para que ellos mismos anden solos. Porque una cosa que aprendí y es realmente cierta, es que el exceso de amor no puede hacer daño a nadie.

 

Pero a veces los padres podemos pecar por exceso y perjudicar a nuestros niños si no los dejamos que vivan su propio proceso de aprendizaje por ellos mismos, ¿no es así?

Ana:  Hay que diferenciar el amor con el exceso de ayuda, y plantearse por qué les ayudamos, si es porque realmente nos la piden porque lo necesitan, o se la damos para evitarles una frustración. A mí la Terapia Gestalt me sirve para escucharme, para identificar cuando el problema es mío por una circunstancia no resuelta, y la traslado a mi niño. Si yo no llevo bien ciertas situaciones es normal que intente evitárselas. Para mí personalmente es un problema que mis hijos tengan una dificultad y me genera malestar, pero cada uno tiene sus propias intolerancias.

 

Uno de los momentos más temidos por las madres es el parto. ¿Cómo te ayudó a ti en este momento tan delicado?

Ana:  Me ayudó a diferenciar el dolor, que es a veces inevitable, y el sufrimiento que es una elección. En el parto me dolió mucho pero no sufrí. Fue natural y sin anestesia, pero fue una gran experiencia, y de hecho repetí. Es cierto que tuve la suerte de tener dos partos sin complicaciones en los que todo estuvo de cara, pero fue esencial para mí la Terapia Gestalt para saber cómo afrontarlo y vivirlo con una mayor presencia. Una experiencia que pude trasladar a otras situaciones.

Aunque sin duda, solo por todo lo que me ayudó en el parto me compensó el esfuerzo de formarme en esta área de la psicología. Se trata en definitiva de confiar en la autorregulación organísmica del cuerpo. Nuestro cuerpo es sabio, y por sí solo llega hasta dónde puede llegar, no más. 

Además desde aquí quiero nombrar y feliciar a Blanca Herrera un escelente matrona de la que he aprendido mucho, y a la que tengo que dar las gracias por colaborar con nuestro centro ofreciendo una más que interesante charla sobre "Parto y nacimiento".

Especialmente los primeros meses pueden resultar muy duros para los padres y madres, ¿cómo los viviste tú?

Ana:  En la crianza de los hijos es importante ser conscientes del momento que se vive en el presente y que se va a ir. Por ello hay que estar atentos y disfrutarlo. En otras circunstancias hubiera querido que pasara cuanto antes. En ocasiones los padres perdemos la paciencia, pero es porque realmente no se está disfrutando de forma plena. Yo disfruté de cada momento de la lactancia, especialmente con mi primer hijo, con el que tuve la suerte de tener la estabilidad y situación idónea para tan solo, estar con él.

 

La Terapia Gestalt en el proceso de la maternidad: confiar en nuestro cuerpo y vivir el aquí y ahora