
Un tema apasionante el que nos propuso Cristina Dicuzzo en la charla “Las relaciones como escuela de vida. Aprender a amar y relacionarse”. Una visión gestáltica, en un encuentro interpersonal, que nos acercó el tema de las relaciones ofreciéndonos un punto de vista diferente.
La inmensa mayoría de las personas que se acercan a las terapias o a la Formación en Terapia Gestalt, lo hacen porque existe un profundo malestar en sus relaciones de pareja. Cristina nos recordó cómo a través de un amor consciente y responsable podemos estar más cerca de lo que denominamos relación “saludable” o “satisfactoria”. Para ello la búsqueda debe ser personal y desde lo íntimo. Siendo conscientes de cada uno de nosotros y abrazando a nuestro “niño interior”.
09/12/2011 por Qualia.
Comenzó la charla hablando de la importancia de las relaciones en el desarrollo personal. Nos habló de la relación con la pareja, por supuesto, pero también, la relación con los hijos, los familiares,… nos explicó que somos, en definitiva, seres relacionales y afirmó “…aprendemos a vivir como seres humanos sobre todo a través de las relaciones…”.
Por tanto, a la pregunta ¿por qué son tan necesarias? Cristina nos respondió que “…no podemos imaginar una vida sin relaciones. Somos seres relacionales desde que nacemos, de hecho, nacemos fruto de una relación y crecemos relacionándonos…”, aclara: “…por eso son tan importantes, por eso creo, que las relaciones son una escuela de vida; porque es dónde aprendemos todo lo que nos interesa en la vida…”.
Nos habló también que no todas las relaciones son iguales, todas nos permiten un cierto grado de crecimiento, de autoconocimiento y de desarrollar, pero las relaciones que tienen mayor grado de profundidad, son las relaciones de pareja.
¿Se puede aprender a amar?
Ante el título de la charla “Las relaciones como escuela de vida. Aprender a amar y relacionarse” se nos planteó la duda, ¿es posible aprender a amar? La respuesta de Cristina fue clara “…podemos volver a recordar lo que es el amor. Y sí, se puede. Se puede ir dando pasos para poder ir profundizando y salir de este profundo desamor que tenemos de nosotros mismos, e incluso de este profundo desconocimiento que tenemos de nosotros mismos. Y en ese no conocimiento, estamos buscando permanentemente a alguien fuera que nos dé eso que tanto necesitamos, que legítimamente necesitamos -ser amados- […] Esto es una realidad, un bebe puede llegar a la muerte sin amor…”.
Nos explicó que cada uno de nosotros, en la edad adulta, nos movemos llevando una pesada carga: “…cuando venimos a este mundo somos bebes […] estamos en un estado plácido […] podemos llamarlo la esencia del ser humano […] en un estado de gozo interno del ser…”.
Afirmó: “…pero enseguida las cosas empiezan a complicarse, justamente en lo relacional […] en la relación con papá y con mamá…”, aparece entonces la capa intermedia “… donde empezamos a recibir las heridas […] es una zona que llamamos la capa de vulnerabilidad es una zona donde sentimos miedos, vergüenza, insatisfacción, temor,…” conforme vamos creciendo empezamos a sentirnos culpables a sentir abandono, sufrimos rechazo, etc.
“…No podemos vivir con todos estos sentimientos a flor de piel, entonces nos creamos una capa de protección […] llamada carácter o falsa personalidad…”.

Esta capa nos sirve para sobrevivir, para darnos a conocer al mundo y relacionarnos con los demás y desde ahí, es desde donde solemos relacionarnos, “…nos relacionamos con máscaras, no desde la esencia, por lo que la otro no lo vemos…”.
Esta claro entonces porque no funcionan las relaciones, no estamos relacionándonos, nos relacionamos desde las máscaras, pero además solemos crear una serie de expectativas y necesidades en el otro que hacen que “...secretamente pensamos; esa persona que he encontrado se va a hacer cargo de todas esas cosas que necesito y yo también voy a darle lo mismo […] Pero lo que no solemos conocer es que no estamos solos. Dentro tenemos una parte que se ha quedado atrapada en el pasado […] el niño o niña interior…”.
Por tanto, escondido detrás de nuestras protecciones, negaciones y un estilo de vida adictivo, llevamos un niño interior profundamente atemorizado y herido. ¿Cuántos de nosotros nos hemos encontrado con ese niño profundamente asustado? La respuesta sería acoger a ese niño y aceptarlo en su vulnerabilidad, es decir, aceptarse cada uno en su parte dañada. Eso hará que nos queramos más y podamos amar a los otros también.
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